Archive for the ‘Cine’ Category

El caballero oscuro otra vez

18 julio, 2012

Christopher Nolan reinició la alicaída saga del hombre murciélago en 2005 con una interesante propuesta más realista de lo habitual que pretendía alejarse de los -seamos claros- fallidos intentos de Joel Schumacher por acercar al personaje al pop psicodélico, pero también ponía tierra de por medio al gótico burtoniano que tan buenos resultados había dado entre 1989 y 1992.

Batman Begins (2005) tiraba de malos menos habituales en la gran pantalla, como Ra’s al Ghul o El espantapájaros, y presentaba al Wayne más torturado mentalmente de todos. La película sobrepasaba (como casi toda su fimografía a excepción de Following, su ópera prima y Memento e Insomnia por siete y dos minutos respectivamente) las dos horas y las secuencias de acción, sobre todo las peleas, eran insoportables y mareantes. Y salía Katie Holmes.

Para la segunda entrega de la saga, Nolan consiguió enloquecer a Heath Ledger hasta conseguir un Joker especial, aunque de no haber fallecido el joven actor antes del estreno, probablemente “la leyenda” no sería la misma -ni tampoco la recaudación-, y durante dos horas y media envuelve a la ciudad de Gotham en el caos más absoluto. Con algunos minutos en IMAX y cada vez más ambición y pretensiones, El caballero oscuro (2008) era la película más ambiciosa y menos superheróica de la historia del personaje. El director, su hermano y David S.Goyer -de nuevo- tenían entre manos una película que se parecía más a Se7en o a Heat que a una pelí de héroes enmascarados protagonizada por Bitelchús, Nick Rivers o el de Urgencias. Es normal que la película te parezca una brasa y que seas incapaz de repetir visionado.

Ahora, con el hype hirviendo, vuelve todo el equipo para cerrar la trilogía con un remake de la anterior. Más que una conclusión es la repetición de una fórmula que dio un éxito brutal y que, una vez maquillada de brochazo de oro y genio, dejará conmovidos a los que esperaban una serie de acontecimientos que, mira tú por donde, no se dan en la historia porque Nolan y compañía son casi tan  mentirosos como fantasmones. Vamos, lo que viene a ser una secuela de toda la vida.

En resumen, que me ha dado un poco igual tirando a El retorno del rey pero soy capaz de reconocer el esfuerzo de quien te hace un regalo que no necesitas pero que está muy bien envuelto.

Puedes leer la crítica para cines.com aquí

Risa azul

13 julio, 2012

En 1983 Stephen King publicaba El ciclo del hombre lobo, una simpática novela que incluía dibujos de Bernie Wrightson, un total de 24, para ilustrar momentos puntuales de la historia. En 1985 Daniel Attias la adaptaba al cine con un guión del propio King bajo el título de Silver Bullet (Miedo Azul) y con el añorado Corey Haim como protagonista. La película, un pequeño clásico de culto desde los tiempos de Filmayer Video, ponía en imágenes (en movimiento), la dura batalla del pequeño Marty Coslaw, impedido en su silla de ruedas, contra el supuesto hombre lobo que está diezmando la población de su pequeña ciudad. Y es que los ochenta molaban mucho: Una pandilla alucinante, Jóvenes ocultos, Noche de miedo… nosotros nunca tuvimos nada parecido en nuestro cine y puede que por eso algunos cineastas españoles recurran ahora al rescate, palabra que a día de hoy ha dejado de ser tan positiva como debería y que nos devuelve a la cruda realidad que nos ha tocado vivir. Precisamente por eso, y antes de que suba el IVA y una entrada de cine cueste más que un menú en el Ritz, Lobos de Arga es una película tan necesaria. No es redonda, pero tampoco lo pretende. Sus intenciones son buscar la risa y la complicidad del espectador (preferentemente treintañero) a base de guiños (el hombre lobo tuerto nos lleva directos a Miedo Azul) y chascarrillos con acento vascogallego, con dos fenómenos de la comedia como Otxoa y Areces al frente de un reparto que les guarda las espaldas con Manquiña, de la Rosa y Zahera muy on fire. Puede que 100 minutos sean demasiados para una modesta comedia de terror española, pero coño, es una comedia de terror española. Por eso y por recordarnos a los títulos de los que hablaba antes y huir del terreno de, por ejemplo, Álvaro Sáenz de Heredia, hay que aplaudirla.

El silencio de los cuervos

26 junio, 2012

Este viernes se estrenan dos películas que salieron muy mal y que tienen bastante en común.

 

El enigma del cuervo es la película más plana y carente de emoción que podía salir de una premisa tan atractiva como es la de un Poe desatado, pistola en mano, buscando por las oscuras calles de Baltimore a un asesino en serie que recrea su obra en los crímenes que comete. Recursos que dejaron de estar de actualidad en la década pasada y una cohesión mongólica dan como resultado una película sin emoción que se queda en una especie de El silencio de los corderos meets Se7en con Poe como guest star. Una decepción.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El otro chasco es el horrendo Dylan Dog. No me cansaré de defender propuestas desenfadadas e imposibles por su macarrismo como Jonah Hex, o pelis fallidas de altos presupuestos que a pesar de todo lucen pobres pero honradas, Green Lantern sin ir más lejos. Pero lo de Dylan Dog es insultante tanto si eres fan del cómic como si no. Brandon Routh no es lo peor de la trama, hace lo que puede con un material infame y con unos compañeros de viaje, encabezados por el insoportable Sam Huntington, actor al que no deseo volver a ver en toda mi vida y que encima hará que deje de idolatrar Cero en conducta. ¡Será cabrón!

-Papel de cocina -Atún -Vino -Matar a estas personas

25 junio, 2012

OJO: el texto incluye spoilers de Hot Fuzz, El último exorcismo y cosicas de Kill List que tal vez sería mejor que no conozcas hasta que hayas visto la peli.

Parece mentira que una comedia desmadrada como Hot Fuzz sea la culpable de abrir la veda del retrohorror de campiña inglesa. En 2007 la trama ideada por Edgar Wright y Simon Pegg desembocaba en un inesperado classic horror tale folclórico que, a pesar de alejarse del universo de Robin Hardy a golpe de bazooka, compartía las misas raíces.

Luego llegaría la fantástica El último exorcismo, falso documental aterrador que finalizaba en medio de una celebración satánica que dejaba en estado de shock al espectador.

Hace un par de años el director de The Wicker Man rodó una secuela inesperada (e inédita por aquí, cómo no) titulada The Wicker Tree, que recuperaba el espíritu de la original aunque los resultados, obviamente, no son los mismos.

Kill List, a pesar de querer parecer otra cosa, es un film de terror puro y duro, intenso y desasosegante, que arranca como un drama de Ken Loach, con una familia en apuros, tanto económicos como psicológicos, en el que el padre de familia tendrá que volver a un trabajo que ocho meses atrás le dejó secuelas.

El punto de partida (y el desenlace, ojo) recuerda también a la inferior A serbian film, película de ingrato recuerdo para los aficionados al género por razones extracinematográficas, aunque la película serbia forzaba tanto su intensidad que terminaba pareciendo una parodia.

En Kill List, el director Ben Wheatley y su coguionista Amy Jump no ofrecen golpes de humor que oxigenen la trama. Se trata de un descenso a las tinieblas que finalizará de forma inesperada en un clímax que vuelve la película del revés y nos aterra a toda velocidad hasta llegar a un final doblemente brusco.

Imprescindible.

¡Hay una piraña en mi polla!

24 junio, 2012

Es probable que el mayor acierto a la hora de explotar el rotundo éxito del escualo de Spielberg fuera la Piraña de 1978, producida por Roger Corman, escrita por John Sayles y dirigida por Joe Dante, créditos suficientemente reconocibles como para no darse cuenta de la estupenda aventura que se traía entre manos semejante ejército de la serie b.

La película del director de Gremins es un justificado título de culto que gana con los visionados y se vuelve más divertido con el tiempo, ofreciendo soluciones de guión y personajes descacharrantes haciéndose pasar por algo serio. Y  nadie hacía éso mejor que Corman y sus chicos.

Tras muchos años y muchos subproductos (barracudas, anacondas, cocodrilos, tiburones, pulpos y todas las mezclas posibles entre dichas especies) Alexandre Aja, la antepenúltima esperanza blanca del género, (luego llegaría Eli Roth y ahora tenemos a Ti West), se lanzó a por un digno remake a lo grande: desnudo, de cabeza y en tres dimensiones. Y la cosa funcionó. No debe ser fácil estrenar una película gore, llena de desnudos de tías de grandes tetas y penes devorados en flamante 3D y que la crítica, más o menos, alabe el valor del esfuerzo del “todo por la diversión” de Aja. Incluso Eli Roth se apuntó a la fiesta para poder morir como el gilipollas que siempre gusta de ser en producciones de este estilo, como ya hiciera en El vengador Tóxico 4, Terror Firmer o 2001 Maníacos.

Pero algo no terminaba de carburar en Piranha 3D. Puede que parte de la culpa recayera en la tardía distribución española, pero no vamos a echar toda la culpa a ese lamentable asunto (que por cierto, no tiene pinta de mejorar y ahí están esperando Cabin in the woods, The Innkeepers o Kill List, por citar alguna) y carguemos un poco sobre el responsable de la cinta.

En el año 2003 Alexandre Aja se presentó ante nosotros con una polémica vuelta de tuerca al slasher (nadie había visto entonces ni probablemente haya visto todavía Furia, su primera película, sobre un relato de Julio Cortázar) que fue amada y odiada a partes iguales y todavía hoy sigue teniendo mucha tela que cortar: Alta Tensión, claro.

Después llegarían los remakes, unos más afortunados que otros: Las colinas tienen ojos fue un brutal ejercicio de violencia demócrata que superaba al original y a su segunda parte; Reflejos nos dejaba un mal sabor de boca con un poltergeist descafeinado y que agotaba la fórmula koreana y Piraña 3D nos gustó PERO no tanto como deseábamos: Aja se pierde en presentar los problemas familiares de todos los protagonistas y desperdicia tres cuartos de metraje dejando los últimos veinte minutos para el festival de gore y sangre que ansiábamos y en el que Gregory Nicotero y Howard Berger tienen barra libre de sangriento delirio. Y esa era la sensación agridulce que te quedaba al finalizar la peli: ¿Ya está? ¿Veinte minutos de matanza sobre ochenta y ninguna necesidad de tener tantos diálogos?

John Gulager había salido del Project Greenlight 3 con una película debajo del brazo. Se trataba de una pequeña historia de terror y ciencia ficción en la que un grupo de desconocidos se quedaba atrapado en un bar de carretera de mala muerte en medio de ninguna parte mientras una familia de monstruosas criaturas trataba de entrar para comérselos o follar sus caras: Feast. Como es lógico, la película se convirtió en un merecido título de culto hasta pasar a ser una de nuestras sagas favoritas: sus dos secuelas directas a dvd eran  dos benditos disparates que se iban superando entre ellas y a las que el estar rodadas para comercializar directamente a vídeo no las privó de prácticamente ninguna burrada.

Piranha 3DD puede parecer a simple vista un exploited más, uno de esos subproductos que parecen producidos por The Asylum y que se aprovechan del éxito de una película de mayor presupuesto para engañar a espectadores poco avispados. Sería injusto despachar la secuela de Gulager de ese modo puesto que se trata de todo lo contrario. El director recupera el desparpajo y la cara dura de la escuela Corman (y un poco de la Troma) y en poco más de una hora no pierde el tiempo en construir personajes ni líneas de diálogo que traten de explicar la situación. A pesar de tener un presupuesto casi idéntico al de la película de Aja, los contactos de Gulager con sus colegas no deben ser tan importantes (el único aspecto en el que la película de Gulager pierde por goleada es en los cameos)  y la cinta parece la hermana fea de la primera parte , pero podéis creerme: la gente no deja de morir durante sus setenta y pocos minutos, se da un paso de gigante en la amputación genital masculina, Gulager vuelve a hacernos reír con sus cámaras lentas y músicas trágicas y el chiste final es mejor que el de la primera parte.

Hace veinte años habría sido tu cinta favorita del videoclub.

La noche más oscura

22 junio, 2012

Justo cuando pensábamos que Spider-Man 3 humillaba a los fans del entrañable personaje con una película mezquina que se alejaba del universo superheróico y se aproximaba al esperpento, va Columbia Pictures y reinicia las aventuras del hombre araña con la peor película posible.

Vale que la tercera salió mal, que incluía un número musical absurdo y grotesco y que los personajes y sus actores estaban descarrilados, pero las cosas pueden arreglarse si pones esfuerzo y cariño en el intento. Por desgracia, en Hollywood de cariño no entienden demasiado y menos aún en superproducciones de este tipo, pero aún sin confiar demasiado en esta nueva versión, si esperábamos algo de diversión y buenas vibraciones en El asombroso Spider-Man, una película que decepciona desde la primera secuencia.

Los fans del personaje (casi todo el Planeta Tierra) conocen de sobra sus orígenes, su familia y su entorno, y dar otra vuelta de tuerca tan innecesaria como la que ofrece James Vanderbilt para tratar de dar un mayor calado emocional a la historia y terminar donde siempre termina el hombre araña no parecía necesario, y la dirección de Marc Webb, impersonal y anodina, tampoco ayuda.

Andrew Garfield está bien como Peter Parker tímido y tonto, pero nada torpe viendo como domina el skate. Emma Stone y su voz de cazallera mayor del reino del celuloide siempre es un plus allá donde esté y… para de contar. Ni Martin Sheen ni Sally Field resultan unos tíos Parker entrañables ni Rhys Ifans puede evitar parecer estar a punto de descojonarse en cada toma. De hecho, Martin Sheen recuerda a su hijo Charlie en Scary Movie o Hot Shots.

Sorprende -para mal, como casi todas las sorpresas del film- que el 90% de la película se desarrolle por la noche y apenas haya un enfrentamiento de Spidey a pleno sol, por no hablar del inevitable momento entre los gruistas de la ciudad o los ridículos insertos en los rostros de los agentes de policía contaminados en el momento de la descontaminación. Y que en la película siempre sea de noche no significa que la película sea más oscura, demonios.

Es una pena que el tono del film se aproxime más al de Crepúsculo o Los juegos del hambre y termine tan alejada de los habituales superespectáculos Marvel, porque aunque a veces no acierten del todo, al menos se dejan la piel intentándolo. En resumen, que El asombroso Spider-Man de asombroso tiene tanto de oscura como Luces Rojas de lynchiana

La vida eterna no es bella

13 mayo, 2012

Sombras Tenebrosas, la esperada nueva película de Tim Burton, es un descalabro de gran calibre que juega con muy pocas bazas para no sucumbir en la cartelera actual, llena de mongolidades monstruosas –Battleship, Los juegos del hambre-, blockbusters anticipados y llenos de gloria –Los Vengadores-, secuelas buenas –Rec3-, secuelas no tan buenas-American Pie: el reencuentro– y también películas estupendas –Take Shelter, Alps-, pero claro, se trata del director de Big Fish y Alicia en el país de las Maravillas, así que el público la espera con ganas y seguro que todos están dispuestos a aplaudir las cucamonas de Johnny Depp y compañía.

Pues debéis saber que las cucamonas y los chistes de Sombras Tenebrosas parecen sacados de una producción de José Frade, que al tratarse de la adaptación de un culebrón sobrenatural todo el elenco ha seguido las directrices de un tipo tan listo como Burton y sobreactuan -sin gracia- tanto como en aquel horrible folletín rosa, El Ilusionista, que es por desgracia, la película a la que más se aproxima lo nuevo de Tim Burton, por el tono indeciso, por las intenciones nada claras y por tratar de hacer de su impotencia una virtud comodín. Pero a mí no me la cuelas, amigo.

Los actores están todos mal y aportan cero a la trama, mucho más confusa de lo que debería puesto que es de una simpleza que abruma, y entran y salen y fuman y/o beben según la habitación en la que se encuentren, para después no volver a aparecer hasta que le convenga al director. Un momento clave de este aspecto es la escena en la que despachan a uno de los personajes, una escena que podría haber tenido gracia porque dentro del contexto culebrero tiene todo el sentido -y la gracia- del mundo, pero en una aburrida película que no sabe que tiene entre manos algo supuestamente divertido parece otra demostración de la carencia de recursos que presenta el film.

Las gracietas de Barnabás no tienen chispa ni se las cree nadie, probablemente el propio Depp tampoco, y el guión de Seth Grahame-Smith también tiene parte importante de la culpa. De hecho tiene tanta culpa que ahora tengo miedo a lo que estas dos lumbreras le hayan dejado hacer a Timur Bermambetov con el guión de Abraham Lincoln: Cazador de Vampiros, que hace unos meses era poco menos que una apuesta segura a candidato a blockbuster del año.

Y las chicas, ay las chicas. Michelle Pfeiffer se pasa media peli de pie en una escalera y la otra media sentada en una silla, la pequeña Chloë Grace Moretz empieza a explotar su sexualidad -o sensualidad, no sé, TIENE QUINCE AÑOS- en un papel donde todo vale y termina aburriendo y cayendo mal, Helena Bonham Carter ya no se parece a Marla porque se parece más a Pipi la de Gran Hermano, Eva Green no es Jim Carrey y se pasa de ridícula en sus desfases y atención, Alice Cooper hace el ridículo  formando parte de esta broma idiota en una de las escenas más sonrojantes, dignas de una secuela de la saga Casper directa a televisión.

Que sirva el cartel que coloco debajo de este texto para destacar lo único verdaderamente hermoso de esta aburrida película tan olvidable.

Mi crítica en cines.com/

Loca academia de policía

8 mayo, 2012

Si algo hemos aprendido de películas como Starsky & Hutch es que pueden adaptarse cosas rancias y caducas si les añadimos sano cachondeo y sentido de la autoparodia. Y de autoparodia Jonah Hill -coguionista y productor ejecutivo- y Channing Tatum -también productor ejecutivo- saben un huevo.

Infiltrados en clase -título lamentable por no respetar el de la serie original emitida en España- es una comedia veloz, macarra y que se sirve tanto del nuevo espectador como de los medios a su alcance, logrando uno de los mejores gags de la película -que además será constante- a costa de youtube, la herramienta.

Channing Tatum, un tío con una presencia que me obligaba a acudir al cine con escepticismo, borda su papel y demuestra tener madera de cómico y una química a prueba de bombas con su compadre Jonah Hill desde el primer minuto, donde salvo en el prólogo, sí se sirven de unas secuencias de montaje muy parecidas a las de los Infiltrados de Martin Scorsese.

Los dos protagonistas de la función dotan a sus personajes de un corazón que no les cabe en el pecho, por lo que las situaciones tienen ese aire de buddy movie de las de antes que hace aún más divertida la comedia y más emocionante el thriller, porque esto también es un thriller de instituto. Una comedia muy por encima de la media -me atrevo a decir que la más divertida de este año-  y con un nervio que la transforma en estupenda película de acción en un tramo final desatado. Sería el hijo guapo y simpático de Brick y Pineapple Express si estas dos hubieran tenido uno.

Grindorama

30 abril, 2012

Desde que Quentin Tarantino, Robert Rodríguez y un puñado de directores de peso en el fantástico actual descorcharan el tarro de las esencias de la basura cinematográfica, de los programas dobles de los años setenta y el exploitation, han llovido todo tipo de imitaciones, aprovechados y payasos sin talento que por desconocimiento o simplemente por no creer en esa esencia, brindaron un puñado de títulos olvidables o aprovechaban sus virtudes visuales a modo de comodín y así camuflar sus verdaderas carencias.

Obviamente este no es el caso, porque aquí, sin tener la presencia ni la autoría de un Rob Zombie o un Edgar Wright, nos encontramos con cuatro minipelículas que recuperan, más que ese tipo de cine, la basura consciente y divertida de la época dorada de la Troma. Por algo Chillerama transcurre en la última noche del autocine Kaufman.

Adam Green –Hatchet, Frozen-, Joe Lynch –Wrong Turn 2-, Adam Rifkin -guionista de Small Soldiers– y Tim Sullivan –2001 maníacos y su secuela- no son precisamente los número uno de la actual quinta de maestros del género, donde campan a sus anchas Zombie, Roth, Gunn o -cada vez menos- Aja, pero tienen suficiente conocimiento de causa como para lanzarse de cabeza y sin red a una película tan complicada como Chillerama.

Una intro en blanco y negro necrofílico y gore fosforescente deja clarito que aquí no hay lugar para las mariconadas y que, a partir de ahí, ya sabes a qué atenerte.

Wadzilla es la primera de las historias y empieza muy fuerte: un tipo con problemas en su esperma se toma unas pastillas radioactivas que le hacen eyacular un monstruoso espermatozoide creado por los Chiodo. A eso le llamo yo un buen comienzo. Adam Rifkin cuenta con Ray Wise como cara cachonda conocida y un cameo de Eric Roberts como el general Bukkake. Una monster movie de los cincuenta que chorrea semen.

Entre película y película se va asentando la que será la cuarta y última y más previsible, Zom-B-Movie, de Joe Lynch, que es la más simple de las cuatro, pero probablemente también sea la más complicada, puesto que es la que sirve de transición entre una y otra y nunca tenemos la sensación de querer quedarnos ahí mucho tiempo.

I was a teenage werebear es la propuesta de Tim Sullivan, un musical homosexual -como casi todos- ambientado en la California de los sesenta, en la que un joven se debate entre la carne y el pescado a ritmo de música surf y mordiscos en el culo. Puede parecer que baja el listón de la historia anterior, pero la realidad es que la subiría de no ser por la criatura de los hermanos Chiodo y las toneladas de lefa de Wadzilla. Una mezcla de Teen Wolf, Psycho Beach Party y Pepito Piscinas.

Adam Green, el más activo e interesante de la pandilla y el único que ha creado una franquicia a partir de su ópera prima, la divertidísima Hatchet, presenta la joya de la corona: The Diary of Anne Frankenstein, rodada en alemán -o algo parecido-, en blanco y negro y que protagoniza Joel David Moore, visto en la citada Hachet, interpretando a Hitler. Mención especial para el frankengolem y el inicio de la historia. Lástima que al final se incline hacia el lado del humor cargante.

Así llegamos al desenlace de Zom-B-Movie, aunque antes vemos un extracto de Deathication, una literal peli de mierda.

Demasiado larga para ser una broma, Chillerama cuenta durante sus 120 minutos con muchos aciertos desparramados a lo largo de sus cuatro historias, pero termina agotando al espectador más dispuesto y cómplice, que desearía que la broma hubiese terminado después del tercer fragemento finiquitando el desenlace por la vía rápida. Aún así y a la espera de The ABCs of Death o The Profane Exhibit -que jugarán en otra liga, estad seguros- es de agradecer que vuelvan a ponerse de moda las películas fragmentadas de terror.

Marvel Deluxe

24 abril, 2012

Los Vengadores va sobrada de razones para ser la más grande de todas las películas de superhéroes de la historia del cine. Entre otros motivos se trata de la primera película del género que traslada a una pantalla de cine una página gigante desplegable.

Esa es, entre muchas otras lindezas, parte de la esencia que Mark Millar legó al reboot más macarra de los héroes más clásicos. Obviando el hecho de la imposibilidad de trasladar el espíritu de la brutal saga del autor escocés, con un Hulk homicida, un dios del trueno alcoholizado y subtramas que abordan los malos tratos entre otras perlas, el trabajo de Joss Whedon no decepciona y demuestra que además de ser un tipo sobradamente preparado para capitanear semejante navío, conoce a la perfección el universo marvelita. No en vano es el guionista de la última gran etapa de La Patrulla X y de un importante arco en el segundo volumen del glorioso Runaways.

Lo que maneja Whedon en Los Vengadores es un equipo que venía presentado por directores tan dispares como los resultados que estos obtuvieron: John Favreau, un director sin demasiada personalidad, consiguió sacar el máximo provecho de un Robert Downey Jr que nació para ser Iron Man en una maravillosa primera producción de Marvel Studios y una secuela bastante más informal que nos pilló descolocados. Louis Leterrier tuvo la misión de El increíble Hulk, una secuela que requería romper con el pasado reciente de la -superior- película de Ang Lee y fracasó estrepitosamente, en parte por un guión desastroso -de Zak Penn, al igual que aquí- y en parte por contar con Eduard Norton, que se ha convertido en una de las pesadillas más gordas de los directores de Hollywood por su obsesión y deseos de controlar hasta el más mínimo detalle de la producción. Hace un año Kenneth Branagh rodó su HyperHenryV cuando cogió las riendas de Thor, un jugoso proyecto de casi trescientos millones de dólares y tres localizaciones. A cien millones por localización y algún chiste previsible, no dejó contento a casi nadie. Mejor suerte corrió Joe Johnston con Capitán América. El director de Rocketeer casi logra completar con éxito su misión a pesar de calcar en buena parte de la trama al primer Spider-Man de Raimi. Durante buena parte de un metraje con bastantes aciertos -Howard Stark probablemente el más importante- el director presenta una interesante historia de aventuras clásicas, a medio camino entre las hazañas bélicas y el super thriller de alta tecnología retrofuturista. Al final y debido a una serie de malas decisiones, la película se queda en espejismo, con un villano de tres al cuarto que desaprovecha el enorme carisma y la brutal presencia de un personaje como Cráneo Rojo.

Todas estas películas regalaban al espectador paciente una secuencia postcréditos, en la que Nick Furia se presentaba entre las sombras de  los hogares de los héroes para reclutarles y pasar a formar parte de un equipo de guerreros por la paz. Y ese equipo es el que se encarga de comandar Joss Whedon, enfrentándolos al villano de Thor y a un ejército extraterrestre que nada tiene que envidiarle a los Transformers.

Los Vengadores es un espectáculo de primer orden donde no falta nada: hay personajes, mucho sentido del humor, millones de referencias, un sinfín de castañazos y un clímax que ocupa casi la mitad de la película. Una montaña rusa en la que todo es cuesta abajo y a toda velocidad. Un ejemplo de que los blockbusters también pueden ser grandes películas.