Archive for the ‘Cine’ Category

Una de acción (o no?)

16 diciembre, 2013

Ay, el cine de bajo presupuesto y/o casero español y los dolores de cabeza. Ahora que todo el mundo parece empeñado en rodar películas, también parece que todos, incluso los que apenas sobrepasan la mayoría de edad, son unos vejestorios italianos o franceses empeñados en reflejar la belleza a través de interminables planos artísticos que, en el fondo, no valen una puta mierda.

Por eso yo prefiero mantenerme al margen, sobre todo como espectador, y tirarme de cabeza a cosas hechas con pasión y conocimento de la causa, como pueda ser la última de Cavestany o la primera de Daniel Aguirre Lainez.

Además de producir, escribir y protagonizar la película, Aguirre se deja acompañar por Sergio Cortina, protagonista del desternillante y multipremiado cortometraje El ultimo onvre bibo y un robaescenas nato que proporciona la química necesaria entre dos colegas metidos en una operación que probablemente sobrepasa sus capacidades.

Con mucha guasa y mucho arte, Investigación Policial vive en un adosado de lujo entre el bajón de Jody Hill y el absurdo de Cavestany, una mezcla de referentes tan inesperada como jodidamente necesaria en nuestro cine, donde parece que los artífices del fenómeno lowcost olvidaron el sentido del humor en la escuela de cine.

Desde la secuencia inicial, que nos recuerda la importancia de un buen discurso sobre lo cotidiano (como ya pasara en la recordada secuencia inicial de Reservoir Dogs), y la sencillez de un proyecto de estas características (rodaje de casi un año y a lo guerrilla), la trama va añadiendo capas de trascendencia y pochez (salvando las distancias, algo parecido a lo que juega Edgar Wright en su última película) hasta anudarte las entrañas.

Afortunadamente, la historia es una comedia costumbrista-policial, un thriller de andar por casa y, sobre todo, una comedia hilarante que juega con el espectador hasta llegar a un multiclímax que se mete en el apreciado terreno del metalenguaje. Vamos, un no parar.

IP

En un país multicolor

8 marzo, 2013

La semana pasada (o hace dos, no lo recuerdo), Tommy Wirkola estrenó en nuestras pantallas su cachonda versión del cuento de Hansel & Gretel, producida por dos astros del humor contemporáneo como son Will Ferrell y Adam McKay, y con una insultante cantidad de sangre, frases célebres, risas y violencia… de género. De género y de género, no olvidemos que durante noventa minutos los dos huérfanos hostian sin contemplaciones a todas las brujas que se encuentran.

La película de Wirkola recogía el testigo de Van Helsing, el imposible intento del director de la maravillosa G.I.Joe por modernizar al mítico cazador de vampiros, pero con un centrifugado a velocidad absurda. Y esas revoluciones, al cuento le han sentado de fábula.

H&G huía de los colores chillones con los que Burton mató sus adaptaciones de Dahl y Carroll, aunque tampoco hubiera tenido ningún sentido en una propuesta que juega a ser oscura, comiquera adulta.

Ahora llega el turno de retomar un icono como El Mago de Oz, la impepinable obra de Victor Fleming de 1939, que ya tuvo una secuela “oscura” a mediados de los ochenta, dirigida por Walter Murch  (¡¡y con diecinueve guionistas acreditados!!), cuando Disney se volcó en producciones memorables que no contaron con el apoyo del público (El dragón del lago de fuego, El abismo negro) ni de la crítica.

En las antípodas de ese tono negruzco, Sam Raimi se mete de lleno en el mundo de las maravillas y, tras un primer acto francamente hermoso, la película aterriza a todo color, perdiendo de forma automática el encanto de la apertura. A partir de ahí, lo de siempre: plantas gigantes, ropa chillona, enanos bailongos, monos voladores y muñecas de porcelana.

No sé si durante el rodaje hubo que retocar diálogos y desarrollo, porque el nivel del guión que firman a cuatro manos, atención, Mitchell Kapner (Romeo debe morir, Inmersión letal 2) y David Lindsay-Abaire (El origen de los guardianes, Corazón de tinta), es un estofado de difícil digestión. Cuando las bromas de James Franco (James Franco) tienen un picantón doble sentido, choca al tratarse de una producción familiar (Disney), pero por momentos uno llega a disfrutar del desenfado y el fuera complejos. Es una lástima que acto seguido, según la situación, se muestre profundamente acomplejada, sobre todo por parte de un elenco que tiene cara de no saber dónde se han metido ni hacia dónde demonios se dirigen.

Los efectos especiales, básicamente todo lo que rodea a los actores, son tan espectaculares como repetitivos, sin ofrecer nada que no hayamos visto antes en Charlie y la fábrica de chocolate o Alicia en el país de las Maravillas, quedándose corta a la altura de películas más recientes y con mejor factura, como La vida de Pi.

Es imposible no sentir un cosquilleo al ver a la bruja mala planear sobre su escoba, gritando como una psicópata, enverdecida y enardecida, pero tampoco es posible disfrutar de sus trastadas, porque básicamente, se limita a disparar rayos láser.

Oz, un mundo de fantasía, podría haber sido una mejor película si al menos se hubieran molestado en inventar un nuevo mundo y no ha reciclar decorados, ropas y salvapantallas de productos similares.

OZ

Esclavo del amor

19 enero, 2013

Desde los tiempos de Reservoir Dogs (1992), Quentin Tarantino siempre ha presentado películas cargadas de personajes de los que conocíamos hasta el más mínimo detalle. Que si los malotes de su debut dejaban o no dejaban propina, que si el padre de Bruce Willis llevaba un reloj en el ojete durante la guerra o que si la regularidad intestinal de Travolta.

El guionista y director siempre se ha cuidado de crear una mitología de sus personajes llena de matices, y por eso sorprende que en Django desencadenado (2012), haya menos personajes de lo habitual y que, además, tampoco haya una clara biografía de ninguno. Por eso (y por muchas otras cosas, claro) su western macarra me parece la película más ligera de su filmografía.

Pero la ligereza argumental y en el desarrollo de la película chocan frontalmente con una duración tan salvaje como la de sus tiroteos: tres horas de película de vaqueros son muchas horas, te llames Tarantino, Eastwood, Costner o Kasdan.

Soy de la opinión de que Tarantino ha sabido superar su obra precedente con cada nueva película, pero también soy consciente de la imposibilidad de perpetuar esa facilidad para fascinarnos hasta el infinito, y si en Django no hay ningún bajón de ritmo ni momento para la desconexión, sí se aprecia un pequeño agotamiento en esa fórmula tarantinesca que consiste en colocar en una habitación a un grupo de personas muy intensas con un montón de secretos que pueden costarles la vida.

Tampoco me gusta demasiado que Django sea el primer superhéroe del cine de Tarantino, porque se pierde esa tensión del no saber qué pasará con el héroe cada vez que se encuentra en un apuro.

Pero a pesar de todas esas pequeñas mierdecitas personales, Django desencadenado es una nueva muestra del genio de un director sobrado de talento, que sabe cómo entretener al personal y que sigue dando rienda suelta a su cinefilia vomitando referencias y homenajes para redondear sus obras personales.

Vamos, que muy bien.

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Si no sabes torear, pa que te metes

18 octubre, 2012

Hace un par de días, Vértice Cine, la distribuidora encargada de estrenar en nuestras salas de cine esa maravilla titulada The Cabin in the woods, anunciaba que la piratería, entre otros motivos, obligaba a la compañía a estrenar la película directamente en dvd. Pocos minutos después, una web especializada en cine de terror, caldeaba un poco más el ambiente al echar en cara las descargas ilegales y señalar a los “piratas”

Me gustaría pensar que la mayor parta de los espectadores potenciales del género y de esa película en concreto, contaban las horas para intentar ver la peli en las mejores condiciones. Hace justo una semana, en el incomparable marco del festival de Sitges, más de mil personas disfrutaron en el pase del Auditori y más o menos la mitad, en un segundo pase en un cine más pequeño.

Pero seamos francos, el problema no son los jovencitos que se descargan las películas antes que nadie: el problema son las condiciones en las que llegan esas películas.

Edgar Wright es un semidios del cine y la televisión, y sus tres películas llegaron a nuestras pantallas en condiciones más o menos parecidas: doblada, con pocas copias y, lo más terrible de todo, con un título de mierda. Y por aquí seguimos esperando la edición de su genial sitcom Spaced, del año 1999.

The Cabin in the woods se estrenó en casi todos los mercados entre abril y mayo, algo que hace que su estreno en formato doméstico llegue antes por esa sencilla razón: se estrenó.

El año pasado, You highness, la comedia medieval dirigida por David Gordon Green, llegó a España casi cuatro meses más tarde que al resto de pantallas. Y lo de “llegó” es un decir: en Madrid se estrenó doblada y sólo pudo verse en Kinépolis bajo otro título de mierda: Caballeros, princesas y otras bestias. Al igual que Hot Fuzz (AKA Arma Fatal), Scott Pilgrim Vs. The World o Hot Rod (AKA Flipado sobre ruedas), fueron muy pocos los que pasaron por taquilla y me atrevería a decir que más de la mitad, por equivocación. El día que me aseguré de no poder ver Your Highness en las mejores condiciones, compré el blu ray americano.

Hace poco, Sony estrenó dos comedias estupendas, That’s my boy (AKA Desmadre de padre) y la tremenda 21 jump st (AKA Infiltrados en clase), dobladas, pero en mejores condiciones, respetando la esencia de ambas y, sobre todo, estrenando en todas las pantallas posibles. Vale que Vértice no es una compañía todopoderosa y que no dispone de las mismas facilidades, pero coño, si lo vas a hacer así de mal, hazlo antes. Que no se me olvide que The Raid, también de Sony, saldrá a la venta a finales de mes sin haber pasado por nuestros cines un año después de petarlo en Sitges, bajo el título de Redada Asesina.

The Cabin in the woods es sólo un eslabón más en una cadena podrida que sigue mirando para otro lado y echando las culpas a los demás. Luego lloraremos todos. Yo, de momento, tengo el paquete con el dvd de camino.

Cosas que hacer en Sitges cuando no estás muerto

2 octubre, 2012

Jugar a las tragaperras con Pumares en el bar antes de entrar al Retiro, que Ángel Sala te advierta que es la última pregunta que le haces a Edgar Wright en su rueda de prensa, que adviertas a Paco Plaza y a Jaume Balagueró que se van a llevar los premios gordos de la edición de [REC], que Edgar Wright te diga que tu camiseta de Shaun es la más bonita del festival (además era cierto), desayunar en el Meliá con las chicas de Death Proof, encontrarte a Robert Englund y comentar las mejores jugadas, ver Sukiyaki Western Django con Ruggero Deodato, que Nacho Vigalondo te invite a un cañón mientras merienda un sandwich biquini y te entreviste a ti después del pase de Los Cronocrímenes, que un John Tones al que aún no conocía se pasee con una camista roja de Mondo Vigalondo, que se inunde el pueblo y llegues calado a las pelis del día siguiente con bolsas de basura por encima de los calcetines, comer de pie, desayunar y cenar Monster gratuitos de medio litro, ver a Mena Suvari comiendo chupa chups, asistir a una proyección de la colección de trailers de Joe Dante desierta, flipar con The House of the devil nada más llegar al pueblo, recorrer el pueblo de arriba a abajo con la bolsita de acreditado, comprar tazas y nosferatus viejos, ver a la gente salir espantada del pase de Secuestrados mientras tú sales entre risas con Absence como Frank Drebin y señora después de ver una de Oliver Stone, dormirse en las maratones a pesar de entrar con dos cafés solos y un burn, gozar Black Dynamite, disfrutar Los ojos sin rostro en un cine viejo y lleno de encanto, que un miembro del jurado te invite a su habitación de hotel para regalarte entradas para pases especiales, salir de una película asiática insoportable a la mitad, conocer a los proyeccionistas mientras preparan una de Miike, llevarte un chasco con Carpenter, charlar en un ascensor con Mike Hostench sobre las pelis españolas de ese año, conocer a un montón de gente de bien que solo conoces virtualmente, escuchar a Pumares protestando a grito pelado por las colas para las entradas de acreditados, esperar colas kilométricas y pasarlas canutas para ver una peli con tu novia en una esquina del Auditori, salir de una película española insoportable a la mitad y cargar toneladas de aspirinas que ayuden a pensar sin dolor.

Te quiero, Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya. Feliz 45 edición.

La fin del mundo

Turismo de supervivencia

29 septiembre, 2012

No había muchas cosas mejores que tener quince años y bajar al videoclub para alquilar alguna peli de la Cannon. Daba igual que fuera un Bronson (Yo soy la justicia) , un Dudikoff (El fuego de la venganza) o un Norris (El héroe y el terror). No importaba si eran soldados (Desaparecido en combate), ninjas (El guerrero americano) o bárbaros (Los bárbaros, je), y si se trataba de una tercera o cuarta entrega de alguna saga tróspida, mejor que mejor.

Cuando uno crece y revisa esas películas descubre que a pesar de las carencias presupuestarias, los guiones escritos a base de retazos de cualquier otra historia o las interpretaciones paupérrimas, todos creían en lo que estaban haciendo y se lo pasaban bien. Ese era el secreto de la Cannon: te ofrecían un exploit de Indiana Jones protagonizado por el pájaro espino rodando en una olla por un campamento caníbal, y tú te lo pasabas en grande. Eso sí, cuando te encontrabas con un ladrillazo (KinjiteDelta Force 3), era un ladrillazo insoportable

Venganza, una película estrenada en 2008, de tapadillo y con un presupuesto de 25 millones de dólares (limosna en el género de acción americano), recaudó más de 225 millones en todo el mundo y colocó a Pierre Morel, el último alumno aventajado de la escuela de Luc Besson, en el punto de mira. El secreto de la película residía en su sencillez y en la humanidad y carisma de un protagonista que jamás te habrías imaginado en una cinta de esas características, Liam Neeson. Y tenía un punto de partida fabuloso: la hija de un ex-súper-agente de la CIA era secuestrada en Europa cuando se disponía a seguir la gira de U2. Brillante.

Cuatro años después, la factoría Besson presenta una secuela con los mismos guionistas (el propio Besson y Robert Mark Kamen) y los mismos protagonistas: la familia Mills. El problema llega cuando descubrimos que lo que nos ofrece Venganza: Conexión Estambul, es una secuela muy parecida a las menos afotunadas de la Cannon. Escaso presupuesto, edición brusca, acción de telefilm, ninguna violencia y mucha desgana. Neeson ni siquiera se molesta en levantar la pistola para apuntar, y cuando corre lo hace como un anciano.

Al igual que en la primera parte, aquí estamos ante una película sobre las lecciones de la vida que los padres inculcan a sus hijos, y si la lección original era el turismo de supervivencia, ahora la lección es doble: turismo de supervivencia nivel 2 y conducción.

Una pena que la película no mantenga el tono deliciosamente imbécil del capítulo de las granadas como google map.

Sentado, esperando.

La boda infinita

3 septiembre, 2012

En 2008 Nicholas Stoller entró como un elefante en una cacharrería con Paso de ti (Forgetting Sarah Marshall), una desternillante comedia sobre rupturas sentimentales, desencuentros e infidelidades que, entre otras cosas, validaron para la gran pantalla a Jason Segel y su enorme talento para la comedia. Para interpretarla y para escribirla. Firmando el guión con el propio director y amparados por la productora de Judd Apatow, actor y director revolucionaron la comedia romántica y el bromance, alcanzando cotas de hilaridad nunca antes imaginadas en el género. A ello ayudó mucho la creación de un personaje secundario impagable interpretado por Russell Brand, uno de los cómicos más excesivos del panorama internacional y más británico que las tacitas de té.

Dos años después, el equipo de guionistas volvía a la carga con un spin off sobre el personaje interpretado por Brand, el músico Aldous Snow, en una comedia aún más burra pero con el mismo calado emocional. En esta ocasión, Segel aportaría poco más que unas líneas del guión, escrito de nuevo por Stoller. Todo sobre mi desmadre (Get him to the Greek), es una de las comedias más divertidas de la factoría Apatow y también una de las menos consideradas por crítica y público, por cierto.

Ahora llega a nuestras pantallas, con bastante retraso, su nueva colaboración después de escribir juntos The Muppets, que Segel también protagonizaría y en la que su compañera en Eternamente comprometidos (The Five-Year Engagement) aparecía brevemente como secretaria de Miss Peggy.

Si en Paso de ti, Stoller y Segel se basaban en la idea de la ruptura, ahora dan la vuelta a la tortilla para centrarse en la idea de la unión, que, claro que sí, puede dar los mismos quebraderos de cabeza a los protagonistas y provocar en el espectador las mismas carcajadas que antes.

Un poco más domesticada que sus dos obras anteriores y centrada en un mayor target, el cartel especifica que se trata de la nueva película del productor de La boda de mi mejor amiga (Bridesmaids, 2011), algo injusto para un director que viene pisando fuerte en el género y que cada dos años nos regala una nueva catarsis cinematográfica que no se paga ni con la subida del iva. Lástima que, una vez más, la distribuidora nos deje sin la versión original en una película en la que tienen bastante importancia las canciones que los propios personajes interpretan en castellano.

Una comedia deliciosa que, a pesar de llegar a las dos horas (marca de la casa Apatow), pasa en un santiamén y en la que una sonrisa boba se dibuja en la cara del espectador.

Después del gran regreso de Adam Sandler ya tenemos una nueva comedia americana para abrazar muy fuerte.

¡Mercenarios, reuníos!

21 agosto, 2012

Los Mercenarios 2 es la mejor película de acción del año. Así de claro.

Lejos del aire trascendental de coñazos recientes –El legado de Bourne-,  con Sly centrado en la actuación y dejando la cámara al competente Simon West, director de la fantástica Con Air, el equipo de especialistas en guerrear por la justicia se embarca en una aventura trepidante movidos por la venganza.

Apartando cualquier atisbo de sub-trama romántica -nunca del todo, claro-, la película no pierde el tiempo en presentar personajes porque no hace falta. De hecho, con un pequeño aporte de guión, llegaremos a conocer más al personaje de Dolph Lundgren, como el resto, medio biográfico.

El mayor lastre de la primera aventura era su intento de agradar constantemente, algo que jugó en su contra durante gran parte del metraje, donde parecía que los personajes nos obligaban forzosamente a disfrutar tanto como ellos, algo que no se conseguía al 100%

Ahora ese problema ha desaparecido y la razón es muy simple: más disparos, más chistes y más diversión. Y nuevos fichajes, claro. Schwarzenegger y Willis tienen más minutos, más frases -divertidísimas- y muchas balas. Norris aporta -aún más- cachondeo riéndose de su propia leyenda y los malos, Van Damme y Scott Adkins, mala uva y carácter.

Statham sigue mostrándose como el mejor hacedor de hostias del equipo y se convierte en la estrella de la función cada vez que desenfunda los cuchillos. Mención especial a la banda sonora de Brian Tyler, que se convierte en un acompañante de lujo con sus clásicas marchas épico-militares que tan bien sientan a este equipazo de lujo, convertido en un clásico que, esperemos, nos acompañe durante el resto de veranos de nuestra vida.

Igual de buena que aquellas películas que teníamos que rebobinar antes de devolver al videoclub.

Acorralado

30 julio, 2012

No estaría nada mal que te acercases a la última película no documental Werner Herzog sin tener ni las más remota idea de su argumento.

A ver, no es que sea Sospechosos habituales o una de Shyamalan, pero es lo suficientemente desconcertante como para disfrutarla lo más virgen posible, así que intentaré no spoilear en el texto.

La película se centra en la jornada de un policía que se traslada a una zona residencial de San Diego para investigar un asesinato. Su relación con los distintos personajes que se dan cita alrededor  servirán al agente -Dafoe- para tratar de entender -más o menos- las circunstancias que se han dado para llegar a semejante situación.

Producida por David Lynch, en su primera colaboración con Herzog, la película está basada en un hecho real que el director se encarga de convertir en   algo mucho menos terrenal, gracias sobre todo a un Michael Shannon pre-Take Shelter que demuestra haber nacido para interpretar este tipo de personajes y que será, sin duda, el gran aliciente para la próxima aventura de El Hombre de Acero, donde interpretará al villano de la función. La relación del personaje con su madre ficticia es desgarradora y la interpretación de Grace Zabriskie lo más aterrador que hayamos visto en una madre de cine desde los tiempos de Carrie.

Willem Dafoe, Udo Kier y Chloë Sevigny tienen los papeles secundarios de más enjundia, pero no nos olvidamos de Michael Peña y Brad Dourif, que protagoniza junto a Shannon la secuencia más absurda, divertida y completamente loca que hayas visto desde Teniente Corrupto y las iguanas.

Un drama poderoso y un tanto experimental que no deja indiferente y que provoca en el espectador el mismo desasosiego que un primer visionado de Funny Games y otros dramas que, de incómodos, entran con todo merecimiento en nuestro pequeño baúl del otro cine fantástico.

Érase una vez el espacio

24 julio, 2012

Ridley Scott podrá gustarnos más o menos, pero nadie va a negar su valentía a la hora de firmar proyectos del calibre de La teniente O’Neil1492, la conquista del paraíso o Un buen año.

Los que me conocen saben que el director de Blade Runner no es santo de mi devoción y que sus trabajos fantásticos, salvo Alien, me traen sin cuidado. Nunca fui demasiado fan de Legend ni de las desventuras de Rick Deckard, y de sus últimos diez trabajos -de Gladiator a Prometheus-, la única que me agradó fue American Gangster, algo casi mágico teniendo en cuenta que los dos actores protagonistas son insoportables.

Esa película suponía el único hilo de esperanza respecto a Prometheus y la capacidad de Scott para hacernos disfrutar con una nueva odisea de ciencia ficción old school. Y vaya si lo ha hecho.

Prometheus deslumbra desde su descolocante prólogo, extrañamente violento pero lleno de música optimista. A partir de ahí el uso de las tres dimensiones es de un gusto exquisito, el mejor que hayamos visto desde Avatar.

Pero no todo es perfecto. La película arrastra un importante problema de base al titubear entre desear pertenecer a un universo ya existente o inventarse uno nuevo. Los datos que se dan para ligar o no la película con la saga alienígena bailan y aparecen con cierta timidez -hasta cierto punto-, pero las conexiones, aunque sean subjetivas, son inevitables.

Donde más se añora el tiempo pasado es en la tripulación de la nave, muy poco carismática y centrada en un par de personajes, relegando al resto poco más que floreros, sí, pero permitiendo a Michael Fassbender la composición de un personaje extraordinariamente complejo con una interpretación fascinante. Noomi Rapace, que a medida que se acerca el final de la película se va pareciendo cada vez más a la teniente Ripley, es el otro personaje potente de la función. Y luego están las referencias. Prometheus no solo quiere demostrar que tiene a los mandos a un jefe  que “inventó” la ciencia ficción de terror espacial, también tiene un guionista que viene de reinventar la televisión y el cine y que también tiene sus influencias dentro -y fuera- del género. Ese batiburrillo está presente en la mayor parte del film y puede hacer sacar pecho a quienes vayan buscando las costuras de la película, sobre todo en el tramo final, que pasa de climático a anticlimático un par de veces para satisfacer a todos los públicos.

Lo mejor de todo es que a pesar de esos puntos negativos, a pesar de parecer un “sálvese quien pueda” -probablemente lo sea-, Prometheus tiene la suficiente carga de emoción, suspense, salvajismo y plástico como para ganarse el respeto de todos los fans del fantástico.

Por eso es de agradecer que muchas de las preguntas que se plantean los personajes no obtengan respuesta: la búsqueda de un imposible en constante alejamiento es el verdadero motor de la historia. De nuestra historia.