Al zamparme el anterior disco de los Jarman, el fantástico Ignore the Ignorant, desconocía la presencia de Johnny Marr a las guitarras pero apreciaba una sutil claridad en el sonido, más depurado que en otras ocasiones, y notaba un valor añadido que supieron exprimir a la perfección.
Mientras esta mañana saboreaba In the Belly of the Brazen Bull volvió a pasarme algo parecido. Y es que en sus primeros compases desperté en medio de los noventa, con un riff inicial que me situó entre In Utero y Pinkerton para dar paso a una melodía habitual en el combo Jarman, solo que con ese aire de volumen que jode los altavoces de casa tan de finales de los noventa. Como si Steve Albini hubiese tomado los mandos de la grabación. Y, coño, me pongo a mirar por la red y resulta que sí, que el tío que puso esos micrófonos locos a las baterías de Nirvana es uno de los dos responsables del sonido de este disco. El otro es Dave Fridman, un habitual de los grandes Thursday o The Flaming Lips.
El sonido de The Cribs en sus orígenes los colocaban en el retro lofi de Pavement o Dinaosaur Jr, algo que trataron de evitar Alex Kapranos al producirles Men’s needs, women’s needs, whatever y Johnny Marr en el anterior disco, que no su productor, Nick Launay. Probablemente ahí surgieron las fisuras entre un tipo que casi inventó el britpop y unos zagales que querían sonar como Evan Dando.
Así que la buena noticia es que The Cribs regresan a sus orígenes al recuperar el formato trío y un sonido americano bastante más embrutecido, y la mala que el disco adolece de un exceso de canciones -y eso que hay cuatro bonus tracks dependiendo de la edición- y se resiente en su tramo final, donde parece que los hermanos se dejan llevar por el desvarío y ofrecen unos temas algo más destartalados y descompensados, con Stalagmites a la cabeza, que es lo que un servidor entiende por Albini MAL pero que no molesta porque, en el fondo, los chicos saben que lo más importante es una buena melodía, como en la muy wezeeriana Pure O, que parece salida del disco rojo de los californianos.
Cualquiera de los dos singles de adelanto -Come on, be a no-one y sobre todo Chi-Town- marcan la dirección por la que vuelan The Cribs en su nuevo disco, olvidándose del single fantasma que fue Housewife y que amenazaba con enkillersarlos en demasía. Mejor así.
