Si algo hemos aprendido de películas como Starsky & Hutch es que pueden adaptarse cosas rancias y caducas si les añadimos sano cachondeo y sentido de la autoparodia. Y de autoparodia Jonah Hill -coguionista y productor ejecutivo- y Channing Tatum -también productor ejecutivo- saben un huevo.
Infiltrados en clase -título lamentable por no respetar el de la serie original emitida en España- es una comedia veloz, macarra y que se sirve tanto del nuevo espectador como de los medios a su alcance, logrando uno de los mejores gags de la película -que además será constante- a costa de youtube, la herramienta.
Channing Tatum, un tío con una presencia que me obligaba a acudir al cine con escepticismo, borda su papel y demuestra tener madera de cómico y una química a prueba de bombas con su compadre Jonah Hill desde el primer minuto, donde salvo en el prólogo, sí se sirven de unas secuencias de montaje muy parecidas a las de los Infiltrados de Martin Scorsese.
Los dos protagonistas de la función dotan a sus personajes de un corazón que no les cabe en el pecho, por lo que las situaciones tienen ese aire de buddy movie de las de antes que hace aún más divertida la comedia y más emocionante el thriller, porque esto también es un thriller de instituto. Una comedia muy por encima de la media -me atrevo a decir que la más divertida de este año- y con un nervio que la transforma en estupenda película de acción en un tramo final desatado. Sería el hijo guapo y simpático de Brick y Pineapple Express si estas dos hubieran tenido uno.
