Archivos de la categoría ‘MP3’

Lejos y cerca

4 abril, 2013

Voy a ser muy claro: los dos primeros discos de Suede no me gustan. No solo es que no me gusten, es que me caen jodidamente mal.

A principios de los noventa no pasé por el aro del glam de la nueva ola y solo me sacabas de mis Housemartins o de Doctor Explosion para flipar un poco con U2 o con Nirvana, pero no con el puñetero Dog Man Star.

Eso sería hasta pasado el ecuador de la década, momento en el que los de Brett Anderson publican Coming Up, una puñetera obra maestra donde no había ni un solo tema de relleno. De Trash a Saturday Night desfilaban, uno tras otro, hits construidos con bases macarras, sintes y melodías jueguetonas y divertidas que brillaban con el tono Anderson tocando techo.

Depués de eso, un disco lleno de músicas para anuncios de Cortefiel (Head Music) que no estaba del todo mal pero que terminaba empachando, y otro que ninguno recordamos demasiado.

Y de eso hace más de diez años, tiempo en el que Anderson ha editado un puñado  de discos en solitario de los que nunca quisimos saber demasiado, al igual que Bernard Butler, tío alque guardo en simpatía por haber colaborado con buenas gentes como The Libertines o The Cribs.

Pues este año, Suede ha vuelto a la alineación de Coming Up para volver a colocar un disco en las estanterías de las tiendas (The best of no cuenta), pero Bloodsports es algo más que un sacacuartos. O no es solo eso.

El disco devuelve a los británicos al sonido que nunca debieron abandonar, a los hits pegadizos y con pegada, (los seis primeros temas son seis misiles) y a la melodía más elemental. Temas como Barriers, Hit me o el impecable single It Starts And Ends With You parecen recién salidos de la máquina del tiempo.

Es cierto que los dos últimos cortes fallan por lentos, pero What Are You Not Telling Me? guarda un estribillo tan hermoso que vale por un tema entero. La mayor pega es que hayan elegido Faultlines para cerrarlo, el tema más flojo y desganado del disco.

Con un poco de trampa, manteniendo el mismo número de canciones, pero cambiando el orden de las dos o tres últimas, el sabor de boca sería mucho mejor.

Y eso que estamos hablando del mejor disco de Suede desde Coming Up y uno de los pocos trabajos de alguna banda de los noventa que hoy pueda trasladarnos a su época solamente con la música.

bldsports

Ecos

25 marzo, 2013
Hace tiempo que Lori Meyers ha renunciado a ser la banda de retropop y voces angelicales que apuntaban en su segundo y tercer disco.
Es una pena, porque lo que mejor hacen los granadinos son cosas como la canción que da nombre al disco.
Los chicos confían de nuevo en Sebastian Krys, pero también en Ricky Falkner, imagino que responsable de prohibir los acordeones del anterior disco.
En su momento ya asimilamos que Noni nunca iba a cantar bien, así que por ahí tampoco hay demasiadas sorpresas. Tampoco en las letras, muchas de ellas tan feas como de costumbre, con algunas rimas metidas con el calzador de un pie chico, algo que tampoco termina afectando a las canciones, porque siempre se guardan en la manga algún arreglo o unas voces  que mejoran el conjunto.
Impronta es un disco superior a Cuando el destino nos alcance, qué duda cabe, pero también es un disco que no incluye ningún temazo instantáneo a la altura de Mi realidad, Corazón elocuente o ¿Aha han vuelto?, aunque es justo reconocer que tampoco hay ningún tema tan horrendo y ridículo como Enhorabuena eres el que tiene más, terrible cierre para su trabajo anterior.
Lo que hay en Impronta son buenas canciones, algunas más o menos inmediatas, como Zen o Impronta, las únicas que aún guardan ese aire a lo pop de Juan y Junior, y otras, como Emborracharme, que ocupan el lugar (más o menos) de Alta fidelidad.
La escucha, en su conjunto, resulta agradable, pero siempre con la sensación de que no han terminado de elegir una dirección concreta. Impronta no molesta ni irrita, y eso ya es algo.
¿Será que su obra maestra está por llegar y a mi no me apetece un pijo reseñar este disco?
Impro

Eclectic Warriors

21 marzo, 2013

Justo dos años después del gélido Angles, The Strokes, a la chita callando, graban Comedown Machine y lo regalan a una semana de su lanzamiento mundial.

Lo mejor que se puede decir de su nuevo disco es que no es peor que el anterior, noticia suficientemente buena en estos malos tiempos para las bandas de los dosmiles. Con Franz Ferdinand en el limbo, Arctic Monkeys haciendo música de viejos aburridos  y The Killers dando una brasa mormona de tres pares de cojones, el conjunto liderado por Julian Casablancas era la última esperanza. Y hace dos años casi se esfuman.

Comedown Machine devuelve el pulso a la banda (o sea, que están vivos), y lo más agradecido del disco es el sonido, otra vez grabado como si en lugar de micrófonos utilizasen vasos de yogur, pero sin el raca-raca ratonero de sus dos obras maestras iniciales.

Tap Out suena como Machu Picchu 2 mezclado con la melodía del Conga, conga de Gloria Estefan, así que los Strokes de hoy están instalados en un casposo disco pub durante la transición española y no parece que vayan a moverse.

All the time y One way trigger, los dos avances previos al lanzamiento, son dos caras de la misma moneda: el montoneo de antaño y la esquizofrenia retro en la que se han quedado a vivir. Sigo pensando que el famoso (y repudiado) single del falsete es una gozada.

Para demostrar que pueden seguir haciéndonos moderadamente felices se cascan un puente juguetón marca de la casa en Welcome to Japan, uno de los temas más significativos del disco. Ese universo discotequero y artificial es su nuevo hogar y se sienten cómodos en ese terreno.

Como toda noche de juerga tiene su bajona, 80′s Comedown Machine es su asimilación. Es uno de los temas que mejor encajan con la filosofía musical de los trabajos de Albert Hammond Jr en solitario y una balada bien bonita que justifica, por su esencia, ser el tema más largo del disco.

El único tema que me molesta del Comedown Machine es 50/50, curiosamente el tema con el que pretenden demostrar que todavía pueden enrabietarse y que termina siendo tan cansino y molesto como el Brick by brick de los Arctic Monkeys. Me creo más a los Strokes de Slow Animals, tema que hace justicia al título pero que tiene un estribillo eficaz y competetetetente.

Partners in Crime es un ejercicio de estilo de la banda de manual: aceleración, melodía y voz juguetona recuerdan, aunque menos que más, claro, a los tiempos de Last Night.

El tramo final del disco se queda casi sin fuerzas, con ese Chances que suena a película de Sofia Coppola y donde Casablancas intenta llegar a ese superfalsete que nunca llega, es un tema(zo) tranquilito donde pasan la prueba de sus nuevas intenciones: me convencen a la primera. Suena a vieja horterada con clase. Y me gusta.

Happy Ending no hace justicia al título, es otro tema de puro relleno sin demasiada gracia ni chispa, un genérico de los nuevos Strokes que lo mismo está aquí como podría haber rellenado Angles.

Call It Fate Call It Karma, sin llegar a ser tan bonica como I’ll try anything once, es música de ascensor de esas que clavan como nadie.

Comedown Machine  no va a cambiarnos la vida, pero se deja querer. Por lo menos a la segunda escucha. Y es el segundo disco seguido de los Strokes que aparece por mi cumpleaños.

the-strokes_comedown-machine

Semana del fin del mundo (3)

19 diciembre, 2012
Mi guitarra, mi Risk y yo

Mi guitarra, mi Risk y yo

No necesitamos traducciones chungas de canciones clásicas cuando ya no queda nada y la lluvia ácida y las cucarachas mutantes de cincuenta kilos acechan en el exterior lo único que puedes hacer es echar horas con los dados.

Que aburrida esta tarde tan gris 
no apetece salir, llueve ahí fuera 
el verano pasó como un rayo de luz 
montado en bicicleta… 

Hoy no hay nada que hacer 
que escuchar ni que ver 
una tarde cualquiera. 
El otoño llegó con su alfombra marrón 
tendida en las aceras… 

y el teléfono suena por fin 
dos amigos y un plan para mi 
y además una amiga 
que quiere también venir. 

Una partida de risk 
un trivial un parchís 
conquistaré tu país 
montones de preguntas sobre ti 
mezclar tus fichas con las mías 
bajo la mesa 
tramposas tus caricias…

Y aquella tarde tan gris 
se llenó de color 
nos hicimos amigos. 
Y el invierno pasamos pidiendo 
objetivo, estrategia, respuesta y quesito… 

Después llegaron las citas 
los parques, los cines 
quedar como amigos. 
Y en primavera lancé mis dados 
salieron sises y nos besamos… 

Y ahora en tardes así 
nos juntamos los cuatro 
llamamos a amigos 
recién separados 
y en un periquete 
les vemos casados… 

Una partida de risk 
un trivial un parchís 
conquistaré tu país 
montones de preguntas sobre ti 
mezclar tus fichas con las mías 
bajo la mesa 
tramposas tus caricias.

Semana del fin del mundo (2)

18 diciembre, 2012
Los cuatro monstruos del apocalipsis

Los cuatro monstruos del apocalipsis

Seguimos con las traducciones chusqueras de himnos apocalípticos. Hoy R.E.M. y LAS SEISES.

Eso es grande, él comienza con un terremoto,
Pájaros y serpientes, un avión
Lenny Bruce no está asustado.

Ojo de un huracán,
Escucha se la mantequera
El mundo responde a sus propias necesidades,
Sin importar sus propias necesidades.
Aliméntele encima de los golpes, velocidad,
Gruña no, No. de la fuerza.
Estruendo confuso de la estructura de la escala con el miedo de la altura, abajo altura.
Ate con alambre en un fuego, represente los siete juegos
En un gobierno para el hire
Y un sitio del combate.
La izquierda ella, no venía en una prisa con las furias
Respiración abajo de su cuello.
El equipo de los reporteros del equipo deslumbrados, triunfo, ató la cosecha.
¡Mire ese plano bajo!
Multa entonces.
Uh oh, desbordamiento, población, grupo común, pero él hará.
Excepto se,
Servicio usted mismo.
El mundo responde a sus propias necesidades,
Escuche su corrimiento del corazón. Dígame con el éxtasis y
Reverent en la derecha
La derecha.
Usted vitriolic, patriótico, golpe, lucha, brillante
La luz, sintiéndose psyched bastante.

Es el fin del mundo como lo concemos.
Es el fin del mundo como lo conocemos.
Es el extremo del mundo como lo sabemos y me siento muy bien.

Las seises – hora de la TV.
No consiga cogido en torre extranjera.
Reduzca radicalmente y quémese, vuelva,
Escucha se la mantequera.
Trábelo en el uniforme y el libro que se queman, el dejar de la sangre.
Cada motivo se extiende.
Automotor incinere.
Encienda una vela, encienda un motivo. Reduzca, descender.
Mire un agolpamiento del talón, agolpamiento.
Uh oh, éste no significa ningún miedo
Cavalier.
¡Renegade y claro del buey!
Un torneo, un torneo, un torneo de mentiras.
Ofrézcame las soluciones, ofrézcame los alternativas
y declino.

Es el fin del mundo como lo conocemos.
Es el fin del mundo como lo conocemos.
Es el extremo del mundo como lo sabemos y me siento muy bien.

Es el fin del mundo como lo conocemos.
Es el fin del mundo como lo conocemos.
Es el extremo del mundo como lo sabemos y me siento muy bien.

La otra noche disparé una deriva continental agradable me divido.
St. Edelite Del Montaje.
Leonard Bernstein.
Leonid Breshnev, Lenny Bruce y explosiones de Lester.
¡Fiesta de cumpleaños, pastel de queso, haba de jalea, auge!
Usted simbiótico, patriótico, golpe, pero cuello,
¿la derecha?
La derecha.

Es el fin del mundo como lo conocemos.
Es el fin del mundo como lo conocemos.
Es el extremo del mundo como lo sabemos y me siento muy bien.

Semana del fin del mundo (1)

17 diciembre, 2012
¿Fuego?

¿Fuego?

Estamos partiendo juntos 

Pero aún es despedida 
Y tal vez volvamos 
A la Tierra,¿Quien lo puede decir? 
Supongo que no hay a quien culpar 
Estamos dejando la Tierra 
¿Las cosas serán lo mismo otra vez? 

Es la última cuenta regresiva 

Nos estamos dirigiendo a Venus y aún nos mantenemos altos 
Porque tal vez nos hayan visto y nos den la bienvenida 
Con tantos años luz para ir y cosas para encontrar 
Estoy seguro que todos la extrañaremos 

Es la última cuenta regresiva… 

Ooh ooh oh 

La última cuenta regresiva 
Ooh ooh 

Es la última cuenta regresiva… 

Estamos partiendo juntos 
La última cuenta regresiva

 

¡Arriba los cabezales!

26 noviembre, 2012

Con su tercer disco, Ningoonies demuestran que no hay nadie mejor que ellos a la hora de animar al personal. Quince canciones, quince mensajes del amor. Desde la melancolía que despiertan los admiradores secretos cuando no vives en Estados Unidos hasta la temida frase “tenemos que hablar”, que aquí se convierte en otra bastante más jodida pero que viene a ser lo que sucede a continuación. Y mucho humor a base de cultura pop y cinefagia, que para algo es la marca de la casa. Doctor, te extraño, El hombre alto –con una frase final que deja claro que no hay nadie que escriba mejores coñas- o Internet, desternillante radiografía de los habitantes de la red, real como la vida misma.

A pesar de ser su disco más variado en lo estrictamente musical, donde hay cabida para ritmos ska más festivos –Terminal-, la electrónica –Internet- o los homenajes –Carátulas y sinopsis, con el There she goes de The La’s sonando ahí al fondo o Sangre en el karaoke, que toma prestado un verso del club de tenis del pingüino- también se trata de su disco más homogéneo y equilibrado. Las voces de Luna y Dani juegan al gato y al ratón como de costumbre, las rimas son mejores que nunca –eres una de terror, una de fulci, con chicas en ropa interior un poco furcis- y hay suficiente power pop para que los fans de siempre se den por satisfechos mientras siguen ganando adeptos a la causa. Una de esas cosas que hacen que el mundo merezca la pena. Mi piace ningoonies.

http://ningoonies.bandcamp.com/

Suena brillante

8 noviembre, 2012

Aunque lo petaran desde mediados de los noventa, Deftones irrupieron en mi vida con el sobresaliente White Pony en el año 2000. Por aquel entonces, el metal alternativo vivía un gran momento, sobre todo comercialmente, con Linkin Park, Limp Bizkit o Papa Roach vendiendo millones de discos muy malos a millones de adolescentes equivocados.

Fue un año de grandes discos -Heartbreaker de Ryan Adams, Kid A de Radiohead, Rated R de QOTSA o Relationship of command de At the drive-in-, pero White Pony tenía algo especial.

El disco, producido por Terry Date y la propia banda, incorporaba un sonido más ambicioso, con toques de trip hop o incluso shoegaze, experimentando y ganando matices que marcaron un antes y un después en la banda liderada por Chino Moreno, una de las bestias más reconocibles y más polifacéticas de la escena.

Después de semejante disco el listón estaba demasiado alto, y ni su disco homónimo ni  Saturday Night Wrist conjugaban tan bien los mismo elementos. A pesar de ser buenos discos y de ampliar el fantástico repertorio de la banda con nuevos hitazos, las escuchas no eran tan placenteras ni tan homogéneas.

Diamond Eyes, su penúltimo disco, era un disparo certero que sí se aproximaba al famoso disco de los dosmiles, pero la oscuridad seguía predominando por encima de todo.

Bien, ahora llega el turno de Koi No Yokan, algo así como chispazo de amor en japonés, y la llama calienta más que nunca. El sonido recupera a los Deftones de los principios, los más numetaleros de los noventa, pero con la brillantez que las producciones de entonces no llegaban a registrar. Musicalmente más optimista que sus anteriores trabajos, el disco no tiene ni un corte de relleno. Desde la rompedora Swerve City, que nos devuelve al instituto, hasta las cajas programadas de What happened to you? que cierran el disco, Koi No Yokan es un disco sobresaliente y sin fisuras que merece toda tu atención. Y ojito a Entomeb, un medio tiempo magistral que podría haber estado perfectamente en White Pony.

Siempre enormes.

Green album

20 septiembre, 2012

Después de dos discos conceptuales muy pesados y destinados a un público que no venía siendo el habitual, los chicos de Green Day supieron reconvertirse en ídolos de masas y banda de estadios. American Idiot y 21st Century Breakdown vendieron millones de discos y hasta dieron origen a un musical que, además, será llevado a la gran pantalla con Tom Hanks ejerciendo de productor.

Bien, tres años después de su segundo disco operístico-rockero, el trío de Berkeley aparca la sobreproducción y las canciones de doscientos minutos para centrarse en lo más parecido que han sacado a un buen disco en más de diez años. Pero no iba a ser todo tan sencillo porque el ego de Billie Joe Amstrong ha decidido que tenían demasiadas canciones buenas y ha optado publicar tres discos. ¡Uno! es el primero, ¡Dos! llegará en noviembre y ¡Tré! lo hará en enero.

Centrémonos en el primer lanzamiento.

¡Uno! olvida el minutaje interminable y también las guitarras sucias y distorsionadas para ofrecer un disco simpático de power pop correcto pero no infalible. Nuclear Family, el tema que nos da la bienvenida, recupera sensaciones  casi olvidadas y demuestra lo buenos que pueden ser cuando se dedican a hacer canciones sencillas y directas, uno de los mejores temas del disco y el mejor de los tres singles que han lanzado. Stay the night es otra muy buena canción, algo más reposada y con un estribillo de esos que no fallan, al igual que Carpe Diem. De hecho, durante casi todo el disco, suenan más o menos a un disco verde de Weezer y el disco funciona hasta que nos encontramos con Kill the Dj, un semidesastre que parece una canción de Kaiser Chiefs.

La cara B del disco parece eso mismo, una colección de caras b de temas de Warning pero con las guitarras enchufadas, y vuelven a recordar a la banda de Rivers Cuomo en Fell for you. Todo funciona sin sobresaltos y nos regalan otro temazo con Rusty James, otro de esos temas que son algo parecido a los Green Day que tanto nos gustaban en los noventa.

Es una pena que hayan decidido cerrar el disco con Oh Love, una canción rudimentaria que parece un momento de bajón de una de sus operetas, pero la valoración es más positiva de lo que esperábamos.

A ver qué pasa con los otros dos.

Ruidosos y furiosos

7 agosto, 2012

Se han tomado su tiempo y han vuelto con los cojones llenos de furia. Después de su obra maestra, A weekend in the city, uno de los mejores discos de la década pasada, la banda londinense experimentó con hits de discoteca y remezclas muy locas hasta llegar a Intinmacy, que era el paso intermedio hasta la nueva muestra de grandeza que supone Four, su cuarto trabajo oficial.

Con Alex Newport en la producción, la banda de Kele Okereke se muestra más ruidosa que nunca, con las guitarras más pesadas y tonteando con géneros más duros de los habituales. Y es que su nuevo productor viene de trabajar con At the drive-in, Max Cavalera, The Mars Volta o The Melvins, bandas que viven a años luz de Bloc Party. Entre todos han parido una criatura violenta que probablemente espantará en una primera escucha a los fans de Silent Alarm, acostumbrados ellos a los guitarreos bailables y a la delicadeza.

Aquí sigue habiendo de eso y Kele tiene tiempo de cantar falsetes y mostrar la sensibilidad que le caracteriza, pero lo han tapado con una fina capa de estruendo, ganando en mala uva en temas como 3×3 o We are not good people, canciones inimaginables en ellos cuando dieron el salto.

Atmósfera y canciones empapadas de épica hard y ritmos más duros, pero con mucho tiempo para respirar. Un disco valiente y directo que no se anda con miramientos y que se transforma en un puñetazo a sus creencias, intactas en temazos como Day four.

Un paso de gigante y uno de los mejores discos del año.


Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 442 seguidores