Este viernes se estrenan dos películas que salieron muy mal y que tienen bastante en común.
El enigma del cuervo es la película más plana y carente de emoción que podía salir de una premisa tan atractiva como es la de un Poe desatado, pistola en mano, buscando por las oscuras calles de Baltimore a un asesino en serie que recrea su obra en los crímenes que comete. Recursos que dejaron de estar de actualidad en la década pasada y una cohesión mongólica dan como resultado una película sin emoción que se queda en una especie de El silencio de los corderos meets Se7en con Poe como guest star. Una decepción.


El otro chasco es el horrendo Dylan Dog. No me cansaré de defender propuestas desenfadadas e imposibles por su macarrismo como Jonah Hex, o pelis fallidas de altos presupuestos que a pesar de todo lucen pobres pero honradas, Green Lantern sin ir más lejos. Pero lo de Dylan Dog es insultante tanto si eres fan del cómic como si no. Brandon Routh no es lo peor de la trama, hace lo que puede con un material infame y con unos compañeros de viaje, encabezados por el insoportable Sam Huntington, actor al que no deseo volver a ver en toda mi vida y que encima hará que deje de idolatrar Cero en conducta. ¡Será cabrón!