OJO: el texto incluye spoilers de Hot Fuzz, El último exorcismo y cosicas de Kill List que tal vez sería mejor que no conozcas hasta que hayas visto la peli.
Parece mentira que una comedia desmadrada como Hot Fuzz sea la culpable de abrir la veda del retrohorror de campiña inglesa. En 2007 la trama ideada por Edgar Wright y Simon Pegg desembocaba en un inesperado classic horror tale folclórico que, a pesar de alejarse del universo de Robin Hardy a golpe de bazooka, compartía las misas raíces.
Luego llegaría la fantástica El último exorcismo, falso documental aterrador que finalizaba en medio de una celebración satánica que dejaba en estado de shock al espectador.
Hace un par de años el director de The Wicker Man rodó una secuela inesperada (e inédita por aquí, cómo no) titulada The Wicker Tree, que recuperaba el espíritu de la original aunque los resultados, obviamente, no son los mismos.
Kill List, a pesar de querer parecer otra cosa, es un film de terror puro y duro, intenso y desasosegante, que arranca como un drama de Ken Loach, con una familia en apuros, tanto económicos como psicológicos, en el que el padre de familia tendrá que volver a un trabajo que ocho meses atrás le dejó secuelas.
El punto de partida (y el desenlace, ojo) recuerda también a la inferior A serbian film, película de ingrato recuerdo para los aficionados al género por razones extracinematográficas, aunque la película serbia forzaba tanto su intensidad que terminaba pareciendo una parodia.
En Kill List, el director Ben Wheatley y su coguionista Amy Jump no ofrecen golpes de humor que oxigenen la trama. Se trata de un descenso a las tinieblas que finalizará de forma inesperada en un clímax que vuelve la película del revés y nos aterra a toda velocidad hasta llegar a un final doblemente brusco.
Imprescindible.
