Lejos y cerca

4 abril, 2013

Voy a ser muy claro: los dos primeros discos de Suede no me gustan. No solo es que no me gusten, es que me caen jodidamente mal.

A principios de los noventa no pasé por el aro del glam de la nueva ola y solo me sacabas de mis Housemartins o de Doctor Explosion para flipar un poco con U2 o con Nirvana, pero no con el puñetero Dog Man Star.

Eso sería hasta pasado el ecuador de la década, momento en el que los de Brett Anderson publican Coming Up, una puñetera obra maestra donde no había ni un solo tema de relleno. De Trash a Saturday Night desfilaban, uno tras otro, hits construidos con bases macarras, sintes y melodías jueguetonas y divertidas que brillaban con el tono Anderson tocando techo.

Depués de eso, un disco lleno de músicas para anuncios de Cortefiel (Head Music) que no estaba del todo mal pero que terminaba empachando, y otro que ninguno recordamos demasiado.

Y de eso hace más de diez años, tiempo en el que Anderson ha editado un puñado  de discos en solitario de los que nunca quisimos saber demasiado, al igual que Bernard Butler, tío alque guardo en simpatía por haber colaborado con buenas gentes como The Libertines o The Cribs.

Pues este año, Suede ha vuelto a la alineación de Coming Up para volver a colocar un disco en las estanterías de las tiendas (The best of no cuenta), pero Bloodsports es algo más que un sacacuartos. O no es solo eso.

El disco devuelve a los británicos al sonido que nunca debieron abandonar, a los hits pegadizos y con pegada, (los seis primeros temas son seis misiles) y a la melodía más elemental. Temas como Barriers, Hit me o el impecable single It Starts And Ends With You parecen recién salidos de la máquina del tiempo.

Es cierto que los dos últimos cortes fallan por lentos, pero What Are You Not Telling Me? guarda un estribillo tan hermoso que vale por un tema entero. La mayor pega es que hayan elegido Faultlines para cerrarlo, el tema más flojo y desganado del disco.

Con un poco de trampa, manteniendo el mismo número de canciones, pero cambiando el orden de las dos o tres últimas, el sabor de boca sería mucho mejor.

Y eso que estamos hablando del mejor disco de Suede desde Coming Up y uno de los pocos trabajos de alguna banda de los noventa que hoy pueda trasladarnos a su época solamente con la música.

bldsports

Ecos

25 marzo, 2013
Hace tiempo que Lori Meyers ha renunciado a ser la banda de retropop y voces angelicales que apuntaban en su segundo y tercer disco.
Es una pena, porque lo que mejor hacen los granadinos son cosas como la canción que da nombre al disco.
Los chicos confían de nuevo en Sebastian Krys, pero también en Ricky Falkner, imagino que responsable de prohibir los acordeones del anterior disco.
En su momento ya asimilamos que Noni nunca iba a cantar bien, así que por ahí tampoco hay demasiadas sorpresas. Tampoco en las letras, muchas de ellas tan feas como de costumbre, con algunas rimas metidas con el calzador de un pie chico, algo que tampoco termina afectando a las canciones, porque siempre se guardan en la manga algún arreglo o unas voces  que mejoran el conjunto.
Impronta es un disco superior a Cuando el destino nos alcance, qué duda cabe, pero también es un disco que no incluye ningún temazo instantáneo a la altura de Mi realidad, Corazón elocuente o ¿Aha han vuelto?, aunque es justo reconocer que tampoco hay ningún tema tan horrendo y ridículo como Enhorabuena eres el que tiene más, terrible cierre para su trabajo anterior.
Lo que hay en Impronta son buenas canciones, algunas más o menos inmediatas, como Zen o Impronta, las únicas que aún guardan ese aire a lo pop de Juan y Junior, y otras, como Emborracharme, que ocupan el lugar (más o menos) de Alta fidelidad.
La escucha, en su conjunto, resulta agradable, pero siempre con la sensación de que no han terminado de elegir una dirección concreta. Impronta no molesta ni irrita, y eso ya es algo.
¿Será que su obra maestra está por llegar y a mi no me apetece un pijo reseñar este disco?
Impro

Eclectic Warriors

21 marzo, 2013

Justo dos años después del gélido Angles, The Strokes, a la chita callando, graban Comedown Machine y lo regalan a una semana de su lanzamiento mundial.

Lo mejor que se puede decir de su nuevo disco es que no es peor que el anterior, noticia suficientemente buena en estos malos tiempos para las bandas de los dosmiles. Con Franz Ferdinand en el limbo, Arctic Monkeys haciendo música de viejos aburridos  y The Killers dando una brasa mormona de tres pares de cojones, el conjunto liderado por Julian Casablancas era la última esperanza. Y hace dos años casi se esfuman.

Comedown Machine devuelve el pulso a la banda (o sea, que están vivos), y lo más agradecido del disco es el sonido, otra vez grabado como si en lugar de micrófonos utilizasen vasos de yogur, pero sin el raca-raca ratonero de sus dos obras maestras iniciales.

Tap Out suena como Machu Picchu 2 mezclado con la melodía del Conga, conga de Gloria Estefan, así que los Strokes de hoy están instalados en un casposo disco pub durante la transición española y no parece que vayan a moverse.

All the time y One way trigger, los dos avances previos al lanzamiento, son dos caras de la misma moneda: el montoneo de antaño y la esquizofrenia retro en la que se han quedado a vivir. Sigo pensando que el famoso (y repudiado) single del falsete es una gozada.

Para demostrar que pueden seguir haciéndonos moderadamente felices se cascan un puente juguetón marca de la casa en Welcome to Japan, uno de los temas más significativos del disco. Ese universo discotequero y artificial es su nuevo hogar y se sienten cómodos en ese terreno.

Como toda noche de juerga tiene su bajona, 80′s Comedown Machine es su asimilación. Es uno de los temas que mejor encajan con la filosofía musical de los trabajos de Albert Hammond Jr en solitario y una balada bien bonita que justifica, por su esencia, ser el tema más largo del disco.

El único tema que me molesta del Comedown Machine es 50/50, curiosamente el tema con el que pretenden demostrar que todavía pueden enrabietarse y que termina siendo tan cansino y molesto como el Brick by brick de los Arctic Monkeys. Me creo más a los Strokes de Slow Animals, tema que hace justicia al título pero que tiene un estribillo eficaz y competetetetente.

Partners in Crime es un ejercicio de estilo de la banda de manual: aceleración, melodía y voz juguetona recuerdan, aunque menos que más, claro, a los tiempos de Last Night.

El tramo final del disco se queda casi sin fuerzas, con ese Chances que suena a película de Sofia Coppola y donde Casablancas intenta llegar a ese superfalsete que nunca llega, es un tema(zo) tranquilito donde pasan la prueba de sus nuevas intenciones: me convencen a la primera. Suena a vieja horterada con clase. Y me gusta.

Happy Ending no hace justicia al título, es otro tema de puro relleno sin demasiada gracia ni chispa, un genérico de los nuevos Strokes que lo mismo está aquí como podría haber rellenado Angles.

Call It Fate Call It Karma, sin llegar a ser tan bonica como I’ll try anything once, es música de ascensor de esas que clavan como nadie.

Comedown Machine  no va a cambiarnos la vida, pero se deja querer. Por lo menos a la segunda escucha. Y es el segundo disco seguido de los Strokes que aparece por mi cumpleaños.

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En un país multicolor

8 marzo, 2013

La semana pasada (o hace dos, no lo recuerdo), Tommy Wirkola estrenó en nuestras pantallas su cachonda versión del cuento de Hansel & Gretel, producida por dos astros del humor contemporáneo como son Will Ferrell y Adam McKay, y con una insultante cantidad de sangre, frases célebres, risas y violencia… de género. De género y de género, no olvidemos que durante noventa minutos los dos huérfanos hostian sin contemplaciones a todas las brujas que se encuentran.

La película de Wirkola recogía el testigo de Van Helsing, el imposible intento del director de la maravillosa G.I.Joe por modernizar al mítico cazador de vampiros, pero con un centrifugado a velocidad absurda. Y esas revoluciones, al cuento le han sentado de fábula.

H&G huía de los colores chillones con los que Burton mató sus adaptaciones de Dahl y Carroll, aunque tampoco hubiera tenido ningún sentido en una propuesta que juega a ser oscura, comiquera adulta.

Ahora llega el turno de retomar un icono como El Mago de Oz, la impepinable obra de Victor Fleming de 1939, que ya tuvo una secuela “oscura” a mediados de los ochenta, dirigida por Walter Murch  (¡¡y con diecinueve guionistas acreditados!!), cuando Disney se volcó en producciones memorables que no contaron con el apoyo del público (El dragón del lago de fuego, El abismo negro) ni de la crítica.

En las antípodas de ese tono negruzco, Sam Raimi se mete de lleno en el mundo de las maravillas y, tras un primer acto francamente hermoso, la película aterriza a todo color, perdiendo de forma automática el encanto de la apertura. A partir de ahí, lo de siempre: plantas gigantes, ropa chillona, enanos bailongos, monos voladores y muñecas de porcelana.

No sé si durante el rodaje hubo que retocar diálogos y desarrollo, porque el nivel del guión que firman a cuatro manos, atención, Mitchell Kapner (Romeo debe morir, Inmersión letal 2) y David Lindsay-Abaire (El origen de los guardianes, Corazón de tinta), es un estofado de difícil digestión. Cuando las bromas de James Franco (James Franco) tienen un picantón doble sentido, choca al tratarse de una producción familiar (Disney), pero por momentos uno llega a disfrutar del desenfado y el fuera complejos. Es una lástima que acto seguido, según la situación, se muestre profundamente acomplejada, sobre todo por parte de un elenco que tiene cara de no saber dónde se han metido ni hacia dónde demonios se dirigen.

Los efectos especiales, básicamente todo lo que rodea a los actores, son tan espectaculares como repetitivos, sin ofrecer nada que no hayamos visto antes en Charlie y la fábrica de chocolate o Alicia en el país de las Maravillas, quedándose corta a la altura de películas más recientes y con mejor factura, como La vida de Pi.

Es imposible no sentir un cosquilleo al ver a la bruja mala planear sobre su escoba, gritando como una psicópata, enverdecida y enardecida, pero tampoco es posible disfrutar de sus trastadas, porque básicamente, se limita a disparar rayos láser.

Oz, un mundo de fantasía, podría haber sido una mejor película si al menos se hubieran molestado en inventar un nuevo mundo y no ha reciclar decorados, ropas y salvapantallas de productos similares.

OZ

Ambiciones

31 enero, 2013

Mi relación con Biffy Clyro empezó más bien tarde, con el single Saturday Superhouse de Puzzle, un disco que marcó el punto de no retorno respecto a su trilogía inicial, formada por Blackened Sky, The vertigo of bliss e Infinity Land.

La situación personal de Simon Neil pasaba por momentos difíciles debido al fallecimiento de su madre, con quien mantenía una relación cercana, y la banda se centró más en la oscuridad y la sobreproducción lujosa, dejando de lado, aunque no del todo, el toque experimental que tanto les gusta.

Después llegaría Only Revolutions, su disco más vendido hasta la fecha y probablemente el más comercial. Puede que debido a ello, el combo haya decidido embarcarse en la aventura del disco doble. 

Opposites tiene truco. La discográfica ha obligado al trío a publicar, a la vez que su disco doble, una edición “sencilla” con catorce temas. Escuchando esa edición, y sin tratarse ni mucho menos de un trabajo conceptual, algo se pierde por el camino. Los temas elegidos para el disco sencillo se dejan fuera alguno de los mayores aciertos de la banda, como Accident without emergency, el mejor tema de la banda para este año 2013.

La mayor virtud de la banda reside en su virtuosismo a la hora de retorcer los compases, los tiempos y los ritmos de sus composiciones, y aquí hay para regalar: las gaitas de Stingin’ Belle, los sintetizadores de Different People o los toques ambientales temáticos de cada disco, junto a las trompetas de Spanish Radio y los equilibrios locos de Trumpet or trap, no desentonan de esa sección rítmica tan especial, formada por los gemelos Johnston, mente colmena del ritmo y el verdadero arma de destrucción masiva de Biffy Clyro.

Mi recomendación es que degustes el disco doble, que lo escuches con calma, con paciencia, un par de veces. Sus ochenta minutos de stoner de stadio (chiste) son frescos y resistentes al tiempo. Notable alto, alto.

Imagen

Esclavo del amor

19 enero, 2013

Desde los tiempos de Reservoir Dogs (1992), Quentin Tarantino siempre ha presentado películas cargadas de personajes de los que conocíamos hasta el más mínimo detalle. Que si los malotes de su debut dejaban o no dejaban propina, que si el padre de Bruce Willis llevaba un reloj en el ojete durante la guerra o que si la regularidad intestinal de Travolta.

El guionista y director siempre se ha cuidado de crear una mitología de sus personajes llena de matices, y por eso sorprende que en Django desencadenado (2012), haya menos personajes de lo habitual y que, además, tampoco haya una clara biografía de ninguno. Por eso (y por muchas otras cosas, claro) su western macarra me parece la película más ligera de su filmografía.

Pero la ligereza argumental y en el desarrollo de la película chocan frontalmente con una duración tan salvaje como la de sus tiroteos: tres horas de película de vaqueros son muchas horas, te llames Tarantino, Eastwood, Costner o Kasdan.

Soy de la opinión de que Tarantino ha sabido superar su obra precedente con cada nueva película, pero también soy consciente de la imposibilidad de perpetuar esa facilidad para fascinarnos hasta el infinito, y si en Django no hay ningún bajón de ritmo ni momento para la desconexión, sí se aprecia un pequeño agotamiento en esa fórmula tarantinesca que consiste en colocar en una habitación a un grupo de personas muy intensas con un montón de secretos que pueden costarles la vida.

Tampoco me gusta demasiado que Django sea el primer superhéroe del cine de Tarantino, porque se pierde esa tensión del no saber qué pasará con el héroe cada vez que se encuentra en un apuro.

Pero a pesar de todas esas pequeñas mierdecitas personales, Django desencadenado es una nueva muestra del genio de un director sobrado de talento, que sabe cómo entretener al personal y que sigue dando rienda suelta a su cinefilia vomitando referencias y homenajes para redondear sus obras personales.

Vamos, que muy bien.

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Futstración 2013

25 diciembre, 2012
Prepárate para horas de partidazos verticales

Prepárate para horas de partidazos verticales

Toda la puta vida jugando a videojuegos futbolísticos. Toda la puta vida disfrutando de Sensible soccer, Actua soccer, Super Soccer, Striker, ISSs, Pros, Fifas, TIF… no había año ni sistema en el que me quedase sin lanzamiento futbolero.

Recuerdo con cariño el día en que mi hermano y yo salíamos a por cada nueva consola (etapa que abarcó Megadrive, SNES, 32X, Dreamcast, Game Cube y las dos primeras PS, además de portátiles), y uno de los primeros videojuegos tenía que ser balompédico. Momentazos los de Striker y su fútbol sala tróspido, o lo identificado que podías llegar a sentirte jugando con ficticios tipos italianos de pelo canoso en los ISS.

También recuerdo que existió un tiempo en el que las dos compañías punteras, Electronic Arts y Konami, perdieron el rumbo y, sobre todo, la magia. Dejamos de reconocer aquellos títulos pochos, que lucían más viejos y gastados que ediciones anteriores en máquinas inferiores, y fue cuando probamos otros remedios. Actua Soccer (el World League Basketball de los juegos de fútbol) fue un juego muy especial. Era especial porque la PS acababa de ver la luz y porque el equipo de fútbol de moda era Rumanía. Aquellos gráficos poligonales imposibles se movían con el suficiente estilo como para no decepcionarnos con aquel nuevo sistema de diversión que Sony acababa de colocar en las casas acompañado de un personaje tan icónico como efímero: no me digas que recuerdas al jodido Crash Bandicoot.

La mejor Rumanía que verás en tu puta vida

La mejor Rumanía que verás en tu puta vida

Bueno, el caso es que tras muchos años y consolas, la saga de Konami, de la que fui fatal hasta PES2, con la Cataluna de Ravoldi y Christanval entre otras gemas, perdió el mojo y hubo que cambiar de acera. Fifa supo, más o menos recuperar la esencia del deporte rey, pero no era algo nuevo para los que disfrutamos de sus primeros títulos en MegaDrive. Y ahí nos quedamos hasta que volvió el mosqueo.

Before Dreamteam

Before Dreamteam

 

El año pasado Fifa 12 no terminó de convencerme. Probé el PES a ver si Konami había recuperado la magia que perdió por el camino, pero tampoco conseguía hacerme babear. Vale, seguimos con el Fifa pues y hagamos lo que podamos, pero no pidas que mi generación aprenda a jugar otra vez, porque me parece que no es justo ni necesario. Antes, cuando me iba a la cama, no veía el momento de encender la consola a primera hora de la mañana y abrazar el fútbol. Ahora solo podía pulsar Start, pausar el juego y secarme las lágrimas de impotencia. ¿Defender? ¿Regatear? Olvídalo, no se puede!!

Esperaba con ganas esta temporada de fútbol para ver si Konami, con sus licencias y sus estadios, recuperaba el trono. Y empecé con PES2013. Nada más ponerlo, en la pantalla del menú, Michel Teló como banda sonora: ZAS! en toda la boca.

Afortunadamente, los de Konami permiten eliminar canciones y añadir lo que tengas por la PS3, que en mi caso es mucho, y antes de empezar a jugar reemplazo la sección musical mierdera por algo mucho más cool. Ok, seguimos.

Champìons Leage, te quiero. La licencia brutal del torneo de torneos fue lo primero que degusté, no sin antes arrojar el mando contra la pared tras un par de lecciones de tutorial, a primera vista, simplísimas: era imposible ejecutar un movimiento tan sencillo como R2+derecha. Y con eso empezaba el mosqueo. Tras probar (y perder en cuartos) mi primera Champions, decidí que había llegado la hora de meterme de cabeza en el modo mánager.

Os juro que aguanté un par de temporadas, pero era imposible continuar con esa farsa. El mánager de PES2013 es la cosa más inútil, lenta y fea que podíamos imaginar. Además, olvídate de intentar fichar a otro jugador que no sea los que la máquina dice que te pueden interesar. Y olvídate de vender a Kakà. Tal y cómo estaban las cosas y echando un ojo a alguna de las miles de reviews de fifas y pros, probé con la competencia.

Y lo primero que debo decir es que los comentarios de Lama y González son tan rancios como el anuncio de Campofrío: eh, tíos, no queremos esa mierda caliente y maloliente en nuestros televisores. Lo segundo que debo decir es que, a la hora de jugar, sigue siendo tan frustrante como el anterior. Nada de regates, porteros que paran lo imposible, penalties que no hay dios quien se acostumbre, sprints inútiles… eso sí, el modo mánager tiene gracia.

La situación está complicada porque, como pasó hace un buen puñado de años, las dos compañías se han acomodado para vivir de rentas (empezando por los comentaristas, insisto), pero a diferencia de entonces, no hay ningún plan C.

Desde aquí sueño con una fusión entre los dos títulos, lleno de licencias, equipos y estadios, comentarios sensatos y respetuosos hechos desde el cariño y un modo mánager ejemplar. Si no pasa algo así creo que tendré que volver al PC Fútbol.

No me voy sin despedirme de los profesionales de la prensa especializada (tres cosas que casi han desaparecido) que no reparan en elogios en sus análisis de estos dos títulos, sobre todo en el de EA Sports: ojalá algún día tengáis los huevos de decir las cosas como realmente son.

Menuda puta mierda de panorama, menos mal que el NBA2k13 está ahí al lado de Sleeping Dogs y salvamos el año.

Semana del fin del mundo (3)

19 diciembre, 2012
Mi guitarra, mi Risk y yo

Mi guitarra, mi Risk y yo

No necesitamos traducciones chungas de canciones clásicas cuando ya no queda nada y la lluvia ácida y las cucarachas mutantes de cincuenta kilos acechan en el exterior lo único que puedes hacer es echar horas con los dados.

Que aburrida esta tarde tan gris 
no apetece salir, llueve ahí fuera 
el verano pasó como un rayo de luz 
montado en bicicleta… 

Hoy no hay nada que hacer 
que escuchar ni que ver 
una tarde cualquiera. 
El otoño llegó con su alfombra marrón 
tendida en las aceras… 

y el teléfono suena por fin 
dos amigos y un plan para mi 
y además una amiga 
que quiere también venir. 

Una partida de risk 
un trivial un parchís 
conquistaré tu país 
montones de preguntas sobre ti 
mezclar tus fichas con las mías 
bajo la mesa 
tramposas tus caricias…

Y aquella tarde tan gris 
se llenó de color 
nos hicimos amigos. 
Y el invierno pasamos pidiendo 
objetivo, estrategia, respuesta y quesito… 

Después llegaron las citas 
los parques, los cines 
quedar como amigos. 
Y en primavera lancé mis dados 
salieron sises y nos besamos… 

Y ahora en tardes así 
nos juntamos los cuatro 
llamamos a amigos 
recién separados 
y en un periquete 
les vemos casados… 

Una partida de risk 
un trivial un parchís 
conquistaré tu país 
montones de preguntas sobre ti 
mezclar tus fichas con las mías 
bajo la mesa 
tramposas tus caricias.

Semana del fin del mundo (2)

18 diciembre, 2012
Los cuatro monstruos del apocalipsis

Los cuatro monstruos del apocalipsis

Seguimos con las traducciones chusqueras de himnos apocalípticos. Hoy R.E.M. y LAS SEISES.

Eso es grande, él comienza con un terremoto,
Pájaros y serpientes, un avión
Lenny Bruce no está asustado.

Ojo de un huracán,
Escucha se la mantequera
El mundo responde a sus propias necesidades,
Sin importar sus propias necesidades.
Aliméntele encima de los golpes, velocidad,
Gruña no, No. de la fuerza.
Estruendo confuso de la estructura de la escala con el miedo de la altura, abajo altura.
Ate con alambre en un fuego, represente los siete juegos
En un gobierno para el hire
Y un sitio del combate.
La izquierda ella, no venía en una prisa con las furias
Respiración abajo de su cuello.
El equipo de los reporteros del equipo deslumbrados, triunfo, ató la cosecha.
¡Mire ese plano bajo!
Multa entonces.
Uh oh, desbordamiento, población, grupo común, pero él hará.
Excepto se,
Servicio usted mismo.
El mundo responde a sus propias necesidades,
Escuche su corrimiento del corazón. Dígame con el éxtasis y
Reverent en la derecha
La derecha.
Usted vitriolic, patriótico, golpe, lucha, brillante
La luz, sintiéndose psyched bastante.

Es el fin del mundo como lo concemos.
Es el fin del mundo como lo conocemos.
Es el extremo del mundo como lo sabemos y me siento muy bien.

Las seises – hora de la TV.
No consiga cogido en torre extranjera.
Reduzca radicalmente y quémese, vuelva,
Escucha se la mantequera.
Trábelo en el uniforme y el libro que se queman, el dejar de la sangre.
Cada motivo se extiende.
Automotor incinere.
Encienda una vela, encienda un motivo. Reduzca, descender.
Mire un agolpamiento del talón, agolpamiento.
Uh oh, éste no significa ningún miedo
Cavalier.
¡Renegade y claro del buey!
Un torneo, un torneo, un torneo de mentiras.
Ofrézcame las soluciones, ofrézcame los alternativas
y declino.

Es el fin del mundo como lo conocemos.
Es el fin del mundo como lo conocemos.
Es el extremo del mundo como lo sabemos y me siento muy bien.

Es el fin del mundo como lo conocemos.
Es el fin del mundo como lo conocemos.
Es el extremo del mundo como lo sabemos y me siento muy bien.

La otra noche disparé una deriva continental agradable me divido.
St. Edelite Del Montaje.
Leonard Bernstein.
Leonid Breshnev, Lenny Bruce y explosiones de Lester.
¡Fiesta de cumpleaños, pastel de queso, haba de jalea, auge!
Usted simbiótico, patriótico, golpe, pero cuello,
¿la derecha?
La derecha.

Es el fin del mundo como lo conocemos.
Es el fin del mundo como lo conocemos.
Es el extremo del mundo como lo sabemos y me siento muy bien.

Semana del fin del mundo (1)

17 diciembre, 2012
¿Fuego?

¿Fuego?

Estamos partiendo juntos 

Pero aún es despedida 
Y tal vez volvamos 
A la Tierra,¿Quien lo puede decir? 
Supongo que no hay a quien culpar 
Estamos dejando la Tierra 
¿Las cosas serán lo mismo otra vez? 

Es la última cuenta regresiva 

Nos estamos dirigiendo a Venus y aún nos mantenemos altos 
Porque tal vez nos hayan visto y nos den la bienvenida 
Con tantos años luz para ir y cosas para encontrar 
Estoy seguro que todos la extrañaremos 

Es la última cuenta regresiva… 

Ooh ooh oh 

La última cuenta regresiva 
Ooh ooh 

Es la última cuenta regresiva… 

Estamos partiendo juntos 
La última cuenta regresiva

 


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